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INCLUSION
  • Testimonios

Trabajar en inclusión escolar es un camino sin dudas arduo, difícil, pero maravilloso.
Es de ésos caminos que uno no se cansa de transitar, que alguna vez se conocen, se descubren, se eligen, se disfrutan a cada paso, a pesar de los baches y las piedras, y ya no se dejan.
Andar por él, me trajo miles de satisfacciones que quedan prendidas en cada beso, en cada mano pequeña que aprieta la mía con amor, en cada mirada, en las primeras letras y en sus primeros intentos de lectura (en esos en que el dedo persigue a las palabras), en cada “¿Viste que estoy creciendo, seño?”.
¡Cuánto puede decir un gesto, una mirada! Tanto más que millones de palabras.
Existen otras que también desde un comienzo las escuchamos y las seguimos, sintiendo aquellos que trabajamos para “incluir”, ésas “malas palabras” que hablan de injusticias repetidas, de falta de respeto a los derechos de los chicos a ser educados, a su derecho indeclinable de aprender. Palabras que no sólo quedan en palabras sino que se convierten en hechos cuando la escuela no es un lugar con puertas abiertas para todos.
Cuando no se respetan los tiempos individuales, para aprender y menos las diferentes posibilidades de los niños, cuando no se los tiene en cuenta, cuando no se los incluye en las escuelas bajo tristes argumentos, en la escuela…en la sociedad.
Que se los considere, que se los apoye, que no se los discrimine también es parte del camino, el poder lograr que aunque sea un docente, un padre, una persona, pueda abrir su corazón, sus ojos y su cabeza, que pueda dar la oportunidad a ésos nenes en otras instituciones, en otros lugares, tomar el desafío, eso también nos compete a quienes trabajamos por y para la diversidad.
Nuestros niños con necesidades educativas especiales no merecen llegar a la escuela con la angustia por la espera dolorosa de deambular por tantos lugares, no merecen ser rechazados ni ser víctimas de la injusticia, del amargo gusto que deja el no poder ser partes de un Grupo de Pares “ser parte”, no ocupar un lugar “ser parte” (pesada mochila para tan pequeños cuerpos)
…Y el camino se sigue transitando, con altibajos, con fracasos y logros, con idas y venidas, pero con la esperanza latente siempre de sumar, que sea ése un camino compartido que muchos se unan a éste caminar.
Porque los niños con N.E.E. existen, son, están hoy y deben ser educados.
Porque son parte también de nuestro camino.

Ana

 
  • Testimonios
    • Cuando me tocó buscar una escuela común para mi hija Paula, una niña con síndrome de down, jamás pensé que iba a ser tan difícil encontrar un lugar para ella. Recorrí muchas y en todas encontraba respuestas negativas como: no hay lugar, acá las maestras no están preparadas, ésta escuela no puede detenerse con niños más lentos…y así confeccioné una larga lista. Yo pensaba que simplemente con ir a la escuela del barrio…ésta tenía que recibirla, por el sólo hecho de que mi hija era una futura alumna y nada más…pero me equivoqué. Todas me decían: no.

Por intermedio de la maestra especial que venía trabajando con ella desde los dos añitos, llegué a la escuela Nº 134 provincial, común…que además de querer conocer a mi hija ¡estaba interesada en enseñarle!.
Fue maravilloso lo que sentimos ése día al ser recibidos en ésta escuelita; un “bienvenidas” con una sonrisa enorme nos indicó que era el lugar ideal para nuestra hija, una escuelita que, aún con falencias edilicias, como poco espacio, solo 4 salones, falta de pintura y mantenimiento, sin sala de música, ciencias, ni informática… era grande en corazón, en ganas de enseñar a todos los niños por igual. Allí no se rechazaban niños con excusas absurdas como en el resto de las escuelas, allí se les abrían las puertas.
Y han pasado ya casi 7 años, Paula ahora está en 5º. Con el tiempo, vimos como pudo despegarse de la mano de su seño de nivel inicial, aprendió las letras, los números, a hacer cuentas, a ser autora de sus propias oraciones. Nos dimos cuenta que de repente leía en imprenta minúscula, ya que ella manejaba solamente imprenta mayúscula. Saber elegir que ropa ponerse, que programa mirar o que película ir a ver al cine. Jugar con sus amigos, compartir… simplemente compartir.
Hay que luchar, lamentablemente para los padres no nos queda otra, pero no hay que bajar los brazos, hay que salir a buscar un lugar para nuestros hijos, en alguna escuela, aunque sea remota y nos quede lejos, tiene que haber un lugarcito para que ellos aprendan, nadie mejor que nosotros los padres, tenemos ésta fuerza natural para defenderlos y pelear porque se cumplan sus derechos, y uno de ellos es el derecho a aprender junto a otros niños.

No es fácil, porque se deben adaptar los programas curriculares a contenidos mínimos para que ellos puedan alcanzar, según sus tiempos de aprendizaje. No es fácil, nada está predeterminado, pero tampoco imposible, solo es cuestión de comenzar con esta cruzada, y emprender juntos nosotros los padres, las docentes, los profesionales que asisten a nuestros hijos un largo camino por recorrer, pero…que andando… se hace camino. Es difícil, pero no imposible, mientras las ganas por enseñar sean firmes y fuertes.

Alicia

 
  • Testimonios

Empezamos la tarea hace mucho tiempo, despacio, de a poco… como tejiendo redes hacia cada uno de los nenes. Redes que van hacia ellos, redes que vienen desde ellos hasta nosotras, redes compartidas con las familias, con los profesionales, entre nosotras.
Llenas de temor ante lo nuevo, con las manos cargadas de ganas por temor al desafío.
Comenzamos a tejer…y tejimos lazos, y sueños y experiencias…
Cada obra comenzaba cada año cuando nuestro grupo nuevo o del año anterior nos esperaba con muchos deseos de aprender.
Tejimos y destejimos muchas veces. Hubo alegrías, tristezas, angustias, ansiedad, cansancio, miedo, dudas, incertidumbre, ganas, proyectos, sueños, un crecer compartido, fracasos y logros.
El trabajo fue arduo pero sentimos la mayor de las satisfacciones ante cada producción que no se termina, que siempre se perfecciona, se acomoda, remodifica…
Dejamos inconclusa, para seguir perfeccionándose, modificándose.
No fue fácil encontrar el punto adecuado, la rama correcta, el material más conveniente a utilizar, pero nos sorprendimos al hallarlos, al descubrir la magnífica gama de colores, la suavidad de las diferentes texturas, las infinitas sensaciones, la diversidad ante nuestros ojos, también las resistencias de algunos materiales, y hasta algunos puntos desparejos que quedaron dentro de la trama.
Experimentamos, sentimos y dejamos un poquito de todas y cada una de nosotras en cada punto de tejido con mucho esfuerzo y con mucho afecto.
Aprendimos a tejer en cada uno y deseamos destejer como “Penélope” para quedarnos un poco más disfrutando de los logros, tan diferentes unos de otros y tan valiosos todos…
Pensar y repensar nuestro proyecto, armarlo, armar redes de sustento, capacitarnos, conectarnos unos con otros, pensar en lo posible, preguntarnos, cuestionarnos problemáticas, reflexionar sobre nuestra práctica.

Trabajar con éste proyecto se convirtió en “nuestra” forma de pensar la educación: una escuela pública, común, intentando ser Inclusora, que atiende a toda la población posible.

Ana
María Isabel

 
 
 
Nuevos Andares
para comunicarse: andares@nuevosandares-g134.com.ar