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INTEGRAR SIN BARRERAS
Nota publicada en revista Cablehogar
Textos: Andrés Conti / Fotos: Willy Donzelly

Todos los días, a toda hora, en todos los lugares, de manera real o virtual, nos enfrentamos al otro. Ante esta situación ineludible, tenemos dos caminos: juntarnos con los que son más parecidos a nosotros para asentir con la cabeza ante las mismas circunstancias, abrazarnos en la certeza de que pensamos igual y rechazar lo diferente; o aceptar lo distinto, tratar de entenderlo, aprender de lo desigual. No hay forma
de escapar, consciente o inconscientemente, de esta dicotomía. Es, de alguna manera, una de las decisiones madres de la condición humana, la que viene después de
respirar, tomar agua y comer.
El miedo a lo distinto, a lo desconocido, es quizás el sentimiento más poderoso de la condición humana, es la
razón de fondo para rechazar la inclusión en la diferencia. Sin embargo, en la mayoría de los casos, las explicaciones que dan los que toman la decisión de discriminar son negadoras de ese temor. "No estamos capacitados para enseñarle a tu hijo", "El ritmo de aprendizaje acá es muy rápido", "No hay lugar, hay muchos chicos por grado" son algunas de las frases que escucharon las madres del grupo Nuevos Andares en su intento por encontrar un colegio para sus hijos. Son integrantes de familias con chicos con necesidades educativas especiales, que tienen algún grado de discapacidad mental y
que lograron, tras mucho esfuerzo, ser aceptados en colegios públicos y privados convencionales y tener una experiencia positiva de inclusión.
"El problema de insertar a los chicos en la escuela pública común vino antes de formar este grupo, cada una tuvo sus problemas de entrada y distintos caminos recorridos. A mí me tocó, por ejemplo, cuando busqué una escuela de nivel inicial para Paula, poder encontrar una donde ella pudo hacer todos los años y terminar allí su primaria", cuenta Alicia. Pero su camino no comenzó bien. "No me fue fácil encontrar escuela, ya que si bien nuestros hijos tiene ciertas limitaciones, como todo el mundo, para ciertas cosas, sabemos que son altamente capaces de aprender en una escuela común si se les respetan los tiempos, si encontrás la escuela, si encontrás
la maestra que se compromete a enseñar", explica.
Nuevos Andares está integrado por unas diez familias.
Entre sus activos participantes, que reivindican el 'bajo perfil' con el que trabajan, hay maestras oficiales que participan y participaron de experiencias de inclusión en sus aulas. Además, destacan el equipo de profesionales que acompaña a los chicos desde que se asume la discapacidad. Son médicos neurólogos, psicopedagogos, fonoaudiólogos y terapeutas que, junto con las familias, son los que colaboran con el docente para que la integración sea posible. "El chico no está solo, hay un equipo de trabajo que nos orienta y nos dice si es posible o no que pueda ir a una escuela común. Ellos se ofrecen a ir a hablar a la escuela para explicar la situación y hay casos en que ni siquiera los reciben", dice Ana María,
otra de las mamás del grupo. "Que quede claro que hay distintos grados de discapacidad, y que en algunos casos, más allá de la buena voluntad y la capacitación, algunas limitaciones hacen que se necesiten otros espacios para que los chicos aprendan. Pero los profesionales orientan a las familias y les dicen si es posible", refuerza la idea Marisa, ex docente que tuvo a su cargo cursos integrados y que participa activamente en Nuevos Andares.
El problema se presenta cuando, pese al visto bueno de los profesionales y el compromiso de la familia, la escuela que les corresponde a los chicos por vecindad o porque concurren sus hermanos, los rechaza. Alicia cuenta: "La ley dice que hay que integrar. Cuando busqué escuela para mi hija, fui a donde iban los hermanos.
Las maestras, cuando mi hija era chica, me decían "cuándo vas traer la nena, cuándo va a empezar", pero después no pudo ser. Cuando recorrés escuelas te encontrás con la directora que te dice "esta no es la escuela para tu hija""..

En otros casos, los colegios los aceptan, pero a mitad de año aseguran "que el nene no avanza, lo tenés que sacar y perdés el año, pero más grave es el daño psicológico que le queda", aseguran.
De todas manera, a pesar de los malos tragos pasados, los integrantes de Nuevos Andares no recomiendan reclamar ante instancias superiores frente las negativas de las escuelas de recibir a niños con necesidades educativas especiales. Inés, mamá de Ciro, despliega este
punto de vista: "No recomiendo ir al Ministerio de
Educación.

Yo no quise ir al ministerio porque no me interesa que mi hijo vaya a una escuela donde no lo quieren. Prefiero un espacio donde a mi hijo lo reciban con la puertas abiertas y tengan ganas de enseñarle". Alicia agrega: "Para qué querés que a tu hijo lo reciban a la fuerza y lo dejen en un salón con una cuentita o un dibujito todo el año mientras los otros aprenden. A la escuela se va a compartir y a aprender, hay escuelas y hay maestros, a veces sucede que el director quiere integrar y el maestro no le interesa".
"Tender a una mayor inclusión"
Concientes de estos problemas, desde el Ministerio de Educación santafesino son tajantes en cuanto a la postura oficial. "Tiende a una mayor inclusión educativa. En el caso de las personas con alguna discapacidad, alentamos y hacemos hincapié en que se integren en las escuelas comunes. Hay marcos normativos que así lo disponen, como la resolución 1.716, y estamos trabajando en modificar algunos aspectos para sumar en ese sentido", señala María Elena Festa, directora de Educación Especial. "Hay elementos que marcan la necesidad de que los niños estén trabajando en aulas
comunes con el docente a cargo y el acompañamiento de docentes de escuelas especiales. Es un trabajo entre ambas instituciones, interdisciplinario, para que se pueda desarrollar de la mejor manera los diferentes potenciales de cada niño. Reconocemos que pueden existir niños que no puedan desarrollarse en el ámbito de la escuela común por distintas razones, y que necesitan el abordaje específico de una escuela especial. Pero, salvo en los casos en que verdaderamente se nota, más allá de los esfuerzos de todos, que el niño no sólo no avanza, sino que retrocede, que hay un deterioro de la situación del chico, nosotros queremos que esté incluido en una escuela común", agrega.
Festa reconoce que "no es fácil integrar, pero es posible, y vamos en ese camino. Sabemos que los cambios operan con distintos tiempos más allá de la decisión política. Pero no sirve que (los docentes) digan que no están capacitados. Ellos tienen que entender que están para educar y que de esto se trata. Se trabaja en la capacitación, pero con trabajo interdisciplinario, la colaboración de los docentes especiales, la inclusión es posible. En las experiencias que funcionaron, no fueron maestros de Harvard los que participaron, sino docentes santafesinos que le han dado a los chicos las herramientas para desarrollar su potencial. Sabemos que los cambios operan a otro ritmo más allá del nivel de la decisión política, pero el camino es el de la inclusión, de la integración".
Cuando un padre se encuentra ante la situación de que su hijo no es aceptado en una escuela común, lo que la funcionaria provincial recomienda "es que primero se dirijan a la escuela especial de la zona, para abrir un espacio de diálogo con ese establecimiento y abordar en conjunto la situación del niño. Y recurrir a la delegación del Ministerio más cercana, no para denunciar a esa escuela, porque la confrontación en este caso no le sirve a nadie, sino para generar espacios de escucha y apertura entre las instituciones”.
"Cambiar la mirada"
Ani, docente en ejercicio que integra Nuevos Andares, aclara que "los maestros pueden pensar que integrar te lleva mucho trabajo y que no te pagan más por eso. Algunos tienen una actitud cómoda, otros te dicen que no están capacitados y puede ser verdad.
Nosotros obtuvimos la capacitación como pudimos. La idea es cambiar la mirada y sentir que nadie está excluido de esto, que a todos nos puede pasar", dice.
Ana María, otra madre del grupo, es clara en las razones de la insistencia en que sus hijos sean incluidos en escuelas comunes: "La escuela es una pequeña sociedad. Si todos los chicos aprenden allí que no todos somos iguales, que tenemos nuestras diferencias pero que mancomunadamente podés ir para adelante, a largo plazo vamos a encontrar una sociedad más pluralista, que se abra todas las necesidades".
"La diferencia nos enriquece, siempre decimos que en las experiencias de inclusión aprenden todos.
Nuestro hijos van a la escuela a conocerse, encontrarse con sus pares y aprender. Y los otros chicos aprenden a compartir. Cuando sean grandes serán dotados y más sensibles. En la adultez sabrán tratar a todos, les van a dar su tiempo, no le van a tener miedo a lo desconocido", explica Alicia.
"Vivencia real de inclusión"
A la hora de explicar los objetivos de Nuevos Andares, sus participantes no dudan: "Queremos difundir nuestra experiencia para que la sociedad sea más inclusiva y más respetuosa de los tiempos de cada uno. Hay familias que todavía están en un derrotero porque todavía no se han hecho cargo de lo que tienen en casa. A partir de ahí vos podés, para empezar un camino, trabajar con acompañamiento terapéutico, el apoyo de las instituciones, de las escuelas especiales".
Para la maestra Ani, "hace falta una mirada general. Es necesario que los otros padres y las otras familias entiendan eso de que la diferencia enriquece, y eso se hace difícil muchas veces. Es más lo que uno logra con los chicos que con los adultos, sus cabezas funcionan de otra manera". Su colega Marisa entiende que todavía hay gente, sin distinciones de nivel socioeconómico, que ve algunos rostros y considera que no es bueno verlos.
Nuevos Andares puede definirse, entonces, como un grupo de gente que desde las soledad de sus búsquedas se juntaron para concientizar sobre la necesidad y la posibilidad de la inclusión. Como el resultado de sus experiencias fue positivo, ya que consiguieron los espacios que reclamaban para sus hijos, las quieren compartir con otros. Han realizado talleres para docentes y para público en general, han dado
charlas en los profesorados y organizado actividades integradoras para chicos y grandes. Pero, fundamentalmente, han participado de una vivencia real de inclusión, han visto como chicos que no eran aceptados en otros espacios encontraban su lugar, compartían con otros, pasaban de grado, se alfabetizaban si se les respetaban sus tiempos y necesidades. Como en la historia de la humanidad, el gran paso en el reconocimiento del otro siempre fue la prueba y el error, hasta que se logra lo que se quiere. Este grupo de personas con 'bajo perfil' demuestra que es posible, y que
la hora de dar los pasos adelante ya llegó hace rato.
La resolución 1.716 del Ministerio de Educación de Santa Fe, con fecha 21 de noviembre de 2007, es el marco que regula hoy el derecho a la escolarización de niños, adolescentes y jóvenes con discapacidades dentro del sistema educativo. La directora de Educación Especial del Ministerio de Educación santafesino, María Elena Festa, explica que se está trabajando en algunos agregados que serán sumados pronto, para dotarla de más atributos.
Por ahora, esta resolución, que remite a la ley nacional 26.206, es clara con respecto a la necesidad de colaborar en la integración de chicos con necesidades especiales en las escuelas comunes, y en el derecho de sus padres de elegir lo que consideren la mejor opción para sus hijos. Un largo anexo especifica las funciones de todas las partes intervinientes, y hace hincapié en el rol de la Escuela Especial y “la intervención pedagógica” de sus docentes en la integración en el sistema educativo común, público y privado. “Sabemos que algunos papás se niegan a recibir la ayuda de la escuela especial o de los docentes especiales, ya que entienden, no sin fundamento en algunos casos, que esas instituciones podrían conspirar contra la inclusión de su hijo. La idea es que esto no pase, se busca que las insti! tuciones especiales también trabajen en pro de la inclusión”, dice Festa.
En este sentido, desde Nuevos Andares señalan que “en general se tiende a que los chicos logren la autonomía necesaria para estar solos dentro del aula, el estar integrados en el salón hace que los alumnos no tengan que depender del «bastón» del docente integrador”. Para Ani, maestra a cargo de un grado que trabaja en el grupo “hay escuelas dónde hay gabinete con docentes integradores de la misma institución, que es lo ideal. En otras instituciones la docente integradora
proviene de la escuela especial”. “No siempre la modalidad de trabajo entre docente común y docente integrador es dentro del salón de clases”, dice la docente.
“También hay otras cuestiones: los maestros comunes que no quieren a otra persona dentro del aula, o docentes integradoras que mantienen contacto con el docente en forma extraáulica realizando el seguimiento de las integraciones. Lo importante es que se necesita el trabajo mancomunado con la escuela especial (más allá de la modalidad) porque pertenezcan los niños a la misma o no, ella es la que da las pautas de trabajo, ya que en ellas se nuclea el trabajo de cada uno de los profesionales y es más práctico”, concluye
la maestra.
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