Ser padres de niños con capacidades diferentes no es fácil, a quienes nos ha tocado serlo lo sabemos muy bien. Desde su nacimiento o cuando nos enteramos de su discapacidad, los preparamos para que tengan una mejor calidad de vida. Como personas que son queremos que sean aceptados en la sociedad no por lástima, sino por derecho, justamente porque son personas. Solo cuando se acepta al diferente nos hace una sociedad más sensible, más justa y sin prejuicios sociales.
Y el primer lugar donde deben ser aceptados es en la escuela. Es allí donde los niños
comienzan a relacionarse con sus pares, fortaleciéndose en las diferencias, tanto para el niño con dificultad de aprendizaje como para el que no las tiene. Nuestros hijos tienen limitaciones para algunas cosas, todos las tenemos, pero cada niño es único e irrepetible y están altamente capacitados para aprender en una escuela común si son respetados sus tiempos de aprendizajes y las docentes asumen el compromiso de enseñar a todos por igual. Esto en la realidad es muy difícil, porque cuesta encontrar escuelas inclusivas, que trabajen en la diversidad, aceptando al niño diferente y trabajar conjuntamente con la familia y el equipo de profesionales.
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Mi hija concurrió a una escuela primaria común desde nivel inicial hasta séptimo, aprendiendo los mismos temas y materias que sus compañeros, realizando las mismas actividades, concurriendo siempre en horario completo y sobre todo respetándose sus tiempos de aprendizaje.
Y así llegamos hoy a esta etapa cumplida, a este sueño realizado, que es terminar la primaria en una escuela común.
Pero la historia no termina acá. Los proyectos no pueden detenerse, ahora la escuela secundaria es obligatoria, pero qué escuela quiere trabajar con mi hija? Comprometerse a enseñarle? A respetar su derecho a la educación como a cualquier niño?
Comencé a buscar escuelas secundarias para ella y las excusas siguen siendo las mismas. El miedo a lo desconocido, al no querer comprometerse, siendo portadora de una carita de ángel que no oculta su discapacidad intelectual, hicieron que fuera rechazada de muchas instituciones, hasta de aquellas que dicen tener programa para niños con dificultad de aprendizaje.
Pero hubo una institución que dijo sí, donde la directora dijo que mi hija se merecía la oportunidad de seguir aprendiendo, que era su derecho. Y en realidad con 13 años no puede bajo ningún punto de vista quedar fuera del sistema educativo.
Así que a todos los padres les digo, sigamos luchando por nuestros hijos. A los chicos de séptimo de la escuela 134 de Rosario, les digo: Mucha suerte! Y nunca dejen de tener sueños y proyectos, y sobre todo jamás permitan que alguien quiera ponerles techo o límites a sus sueños, ustedes y solo ustedes pueden decidir hasta donde quieren llegar. A las autoridades del gobierno les digo: Los padres de niños con capacidades diferentes necesitamos más escuelas primarias y secundarias inclusivas para ellos, Nosotros queremos que nuestros hijos sigan estudiando, la escuela es obligatoria, pero no hay, y es la única manera que tienen para que sean aceptados en la sociedad y puedan desenvolverse en ella como ciudadanos el día de mañana. Los niños que tuvieron la oportunidad de compartir la escuela con niños diferentes cuando crezcan y sean adultos y se encuentren con personas con discapacidad sabrán tratarlas , no le tendrán miedo y seguramente no dudarán en dar los apoyos que necesiten, porque eso lo aprendieron en la escuela.
Y a mi hija le digo: Paula, tu familia y la gente que te conoce estamos muy orgullosos de vos. Felicitaciones. |